El sexo. Se trata, obviamente, de un juego extremadamente placentero y divertido. Pero el sexo, como todos sabemos, no es amor, ni produce amor, ni va ligado necesariamente a amor alguno. El sexo es un accesorio, una forma de placer narcisista que puede acompañar, o no, a cualquier forma de relación humana. Por tanto, ninguna actividad sexual, por muy apasionada que sea, nos ilustra lo más mínimo sobre el amor real entre las personas.
Con estas breves definiciones, ya podemos comprender fácilmente que:
- El enamoramiento no es una prueba de amor, sino justamente lo inverso: una fantasía narcisista sin profundidad ni relevancia algunas.
- Sólo cuando termina el enamoramiento puede comenzar la verdadera relación amorosa, si la persona está capacitada para ello.
- El enamoramiento inicial no garantiza la calidad ni duración de la relación amorosa posterior.
- Para amar o formar pareja no es indispensable enamorarse.
- El sexo no compra, ni pacta, ni asegura, ni demuestra nada. Sólo es un juego.
- La rutina y la infidelidad no matan al amor sino al revés: cuando la relación -o la personalidad- se deterioran, entonces surgen la infidelidad o la rutina.
- La calidad y duración de la relación amorosa dependen de la afinidad/compatibilidad emocional y la salud/madurez psicológica de las personas.
Así vemos, en suma, que la mayoría de tópicos sociales sobre el amor -exaltados incansablemente por el arte, los medios de comunicación, etc.- son fundamentalmente erróneos. Reflexionar sobre ello puede ayudarnos mucho a establecer relaciones amorosas mucho más sanas y felices.
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